
Vamos para Alaska
Ya que el próximo 16 de Agosto se cumplirán 40 años del inicio de la producción del modelo Chevy en la Argentina, este mes, será el mes de “la Chevy” en esta columna. Y hoy contaremos una historia muy particular.
En diciembre de 2007, Gabriel Storchi partió de su Ituzaingó natal con un Chevy ´78 hacia Alaska. Regresó con el sueño cumplido en enero de 2009, después de recorrer 38 mil kilómetros, haber superado miles de inconvenientes y hasta actuar como extra en la película “Rápido y Furioso IV”, aunque el viaje fue, como el título de otra película, “en el nombre del padre”.“De chicos nosotros íbamos siempre de vacaciones con mi familia. Una vez, cuando tenía 18 años, nos fuimos a Salta con el Chevy de mi papá y una casilla rodante. Me acuerdo que nos faltaba poquito para llegar a Bolivia y no fuimos, porque el itinerario era dentro del país. Me parecía increíble no salir de Argentina si teníamos la posibilidad, entonces le dije a mi papá: ‘Vamos a Alaska’, y por supuesto, mi papá creyó que estaba loco”.El padre también tenía un sueño. Quería conocer Ushuaia. “En una oportunidad, yo estaba en esa provincia del sur y lo llamé para que se viniera. Me dijo que no podía hacer un viaje tan largo de un día para otro y no vino. Lo dejó para más adelante. Pero ese más adelante no llegó porque al poco tiempo mi papá enfermó y murió después de meses de agonía”, recordó.En ese proceso, Gabriel le juró al padre que iría de Alaska a Ushuaia, en un Chevy, como a él le hubiera gustado.Storchi es licenciado en Sistema pero de mecánica, no entiende nada.“Con decirte que a poco de salir paré en una estación de servicio y detectaron que no tenía nada de aceite. Yo ni me había dado cuenta”, indicó.Pero, haciendo honor a su profesión, tiene el auto equipado con equipos tecnológicos de primera. Desde una pantalla solar que carga la batería hasta un GPS, una computadora que va haciendo estadística de kilómetros y tiempos de viaje y una antena para conectarse a Internet y cumplir con los trabajos que le dan el sustento.Además, en el interior del vehículo lleva una cama que le permite descansar y hacer de ese Chevy una verdadera casa.Salió de Ituzaingó, provincia de Buenos Aires y fue escoltado por una caravana de Chevys hasta Chivilcoy. De allí, fue a La Pampa, lugar marcado como inicio de su periplo porque ahí están las cenizas del padre.Tomó la ruta hasta el norte del país, cruzó el Paso de Hamas hacia Chile y bordeando por el sector andino de América del Sur, cruzó a la América Central por Cartagena.“En ese tramo, el lugar que más escollos tuve fue Colombia, porque tuve que cruzar grupos de paramilitares”, recordó.Mientras, iba tomándose fotos (trajo 40 mil tomas) con artistas y deportistas de distinta índole. Posó con El Chavo (Roberto Gómez Bolaños) y Florinda, como así también con “el pibe” Valderrama. Con todos, hace su tradicional pose con los dedos en “V”, que representa el 22, o sea, el loco, mote con el que lo conocen.Ya en América del Norte, cruzó Estados Unidos sin problema. “La frontera de México con Estados Unidos fue la más fácil de cruzar. Sin embargo, en Canadá, me trataron como un delincuente hasta que se informaron de la travesía”, recordó.Después de cruzar el territorio canadiense, finalmente llegó a su destino: Alaska.El verborrágico aventurero no encuentra palabras para describir lo que sintió en ese momento. Fue hasta la ciudad denominada Caballos Muertos (por eso la página que da cuenta de su recorrido es www.alaskaacaballo.com.ar), en el norte de ese país, para lo cual tuvo que recorrer 800 kilómetros de ripio ida y vuelta.Luego, visitó el sur del país y con frenos deficientes, tuvo que trasladar el Chevy hasta Seattle en camión y de allí, por barco hasta Punta Arenas, en el sur de Chile.Se encontró con su auto en ese punto austral del mapa para finalmente, llegar a Ushuaia.“Mis planes eran llegar para las fiestas a mi casa, pero el destino hizo que me quedara en La Pampa”, señaló.Finalmente, en enero de este año llegó a Ituzaingó para reencontrarse con su mujer y sus dos hijos, quienes lo apoyan en su destino de aventuras.Con sus 38 años recién cumplidos, pudo decirle a su padre “misión cumplida”, y además, encontró en el viaje una pasión que no lo abandona.Ahora, planea hacer en el Chevy un recorrido de Suecia a Rusia. En este caso, le pidió a su amigo villamariense, Julián Fisiletti, que lo acompañe. La vida le enseñó que no tiene que esperar para concretar los sueños.
En diciembre de 2007, Gabriel Storchi partió de su Ituzaingó natal con un Chevy ´78 hacia Alaska. Regresó con el sueño cumplido en enero de 2009, después de recorrer 38 mil kilómetros, haber superado miles de inconvenientes y hasta actuar como extra en la película “Rápido y Furioso IV”, aunque el viaje fue, como el título de otra película, “en el nombre del padre”.“De chicos nosotros íbamos siempre de vacaciones con mi familia. Una vez, cuando tenía 18 años, nos fuimos a Salta con el Chevy de mi papá y una casilla rodante. Me acuerdo que nos faltaba poquito para llegar a Bolivia y no fuimos, porque el itinerario era dentro del país. Me parecía increíble no salir de Argentina si teníamos la posibilidad, entonces le dije a mi papá: ‘Vamos a Alaska’, y por supuesto, mi papá creyó que estaba loco”.El padre también tenía un sueño. Quería conocer Ushuaia. “En una oportunidad, yo estaba en esa provincia del sur y lo llamé para que se viniera. Me dijo que no podía hacer un viaje tan largo de un día para otro y no vino. Lo dejó para más adelante. Pero ese más adelante no llegó porque al poco tiempo mi papá enfermó y murió después de meses de agonía”, recordó.En ese proceso, Gabriel le juró al padre que iría de Alaska a Ushuaia, en un Chevy, como a él le hubiera gustado.Storchi es licenciado en Sistema pero de mecánica, no entiende nada.“Con decirte que a poco de salir paré en una estación de servicio y detectaron que no tenía nada de aceite. Yo ni me había dado cuenta”, indicó.Pero, haciendo honor a su profesión, tiene el auto equipado con equipos tecnológicos de primera. Desde una pantalla solar que carga la batería hasta un GPS, una computadora que va haciendo estadística de kilómetros y tiempos de viaje y una antena para conectarse a Internet y cumplir con los trabajos que le dan el sustento.Además, en el interior del vehículo lleva una cama que le permite descansar y hacer de ese Chevy una verdadera casa.Salió de Ituzaingó, provincia de Buenos Aires y fue escoltado por una caravana de Chevys hasta Chivilcoy. De allí, fue a La Pampa, lugar marcado como inicio de su periplo porque ahí están las cenizas del padre.Tomó la ruta hasta el norte del país, cruzó el Paso de Hamas hacia Chile y bordeando por el sector andino de América del Sur, cruzó a la América Central por Cartagena.“En ese tramo, el lugar que más escollos tuve fue Colombia, porque tuve que cruzar grupos de paramilitares”, recordó.Mientras, iba tomándose fotos (trajo 40 mil tomas) con artistas y deportistas de distinta índole. Posó con El Chavo (Roberto Gómez Bolaños) y Florinda, como así también con “el pibe” Valderrama. Con todos, hace su tradicional pose con los dedos en “V”, que representa el 22, o sea, el loco, mote con el que lo conocen.Ya en América del Norte, cruzó Estados Unidos sin problema. “La frontera de México con Estados Unidos fue la más fácil de cruzar. Sin embargo, en Canadá, me trataron como un delincuente hasta que se informaron de la travesía”, recordó.Después de cruzar el territorio canadiense, finalmente llegó a su destino: Alaska.El verborrágico aventurero no encuentra palabras para describir lo que sintió en ese momento. Fue hasta la ciudad denominada Caballos Muertos (por eso la página que da cuenta de su recorrido es www.alaskaacaballo.com.ar), en el norte de ese país, para lo cual tuvo que recorrer 800 kilómetros de ripio ida y vuelta.Luego, visitó el sur del país y con frenos deficientes, tuvo que trasladar el Chevy hasta Seattle en camión y de allí, por barco hasta Punta Arenas, en el sur de Chile.Se encontró con su auto en ese punto austral del mapa para finalmente, llegar a Ushuaia.“Mis planes eran llegar para las fiestas a mi casa, pero el destino hizo que me quedara en La Pampa”, señaló.Finalmente, en enero de este año llegó a Ituzaingó para reencontrarse con su mujer y sus dos hijos, quienes lo apoyan en su destino de aventuras.Con sus 38 años recién cumplidos, pudo decirle a su padre “misión cumplida”, y además, encontró en el viaje una pasión que no lo abandona.Ahora, planea hacer en el Chevy un recorrido de Suecia a Rusia. En este caso, le pidió a su amigo villamariense, Julián Fisiletti, que lo acompañe. La vida le enseñó que no tiene que esperar para concretar los sueños.

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